Luciano Benetton

Luciano Benetton, fundador grupo Benetton

 “Nacer rico es una desgracia»

El empresario italiano, de 83 años, regresa para devolverle la vida  a la empresa con la cual inició todo

Luciano Benetton nació en la ciudad italiana de Treviso en 1935. Es en esta hermosa ciudad en donde inicia todo con una modesta colección de prendas de punto de colores en 1965. Hoy a sus recién cumplidos 83 años y luego de recibir el título de doctor en Bellas Artes del Fashion Institute of Technology de Estados Unidos, regresa para poner las cosas en orden.

Conserva el porte y la energía imponente de antaño, y desde hace seis meses vuelve a ser “el jefe” de la compañía que enamoró al mundo con su ropa y las campañas de publicidad firmadas por Oliviero Toscani. Esas que removían las conciencias rompiendo todos los tópicos conocidos hasta entonces: una monja y un cura besándose, una mujer negra amamantando a un bebé blanco, niños de todas las razas vestidos con jerséis de todos los colores… En ellas la ropa no era lo importante, el mensaje sí. Después ya se encargaban las palabras United Colors of Benetton de recordarle al mundo quién era el mensajero.

El Lobo regresa para poner la casa en orden y recobrar su identidad
El Lobo regresa para poner la casa en orden y recobrar su identidad

Fue así como se creó un mito, un imperio, que durante décadas fue ejemplo de negocio, que acumuló grandes ganancias, que les permitieron a los cuatro hermanos Benetton, diversificar los campos de sus inversiones.

El Lobo, como se le conocía a Luciano Benetton, en 2008, se fue de la empresa dejando 155 millones de euros en activos y una facturación anual de 2.000 millones de euros. Cuando “el jefe”, volvió en 2017 —porque se lo pidió la familia— había 81 millones de pasivo y la firma había perdido la cuarta parte de sus ventas.

Nombre de negocios por naturaleza

Luciano Benetton es uno de los hombres más ricos de Italia, el holding familiar se ha convertido en el mayor latifundista de Argentina, y el grupo está más que saneado porque su negocio actual está firmemente asentado en las infraestructuras de aeropuertos y autopistas y en el sector inmobiliario. El pasado mes de marzo, la familia compró el 29,9% de Cellnex, la filial de antenas de telefonía móvil de Abertis, por 1.498 millones de euros.

Luciano Benetton, un hábil hombre de negocios, admite que “le duele” su empresa. Ha dejado en segundo plano los viajes por todo el mundo, la pasión por el arte y la arquitectura, para volver a acudir a diario a Villa Minelli, el palacete en ruinas que restauró en Treviso para ser la primera sede oficial de la compañía y donde hoy tiene su despacho.

Benetton: "volver a ser lo que era hace 10 años"
Benetton: «volver a ser lo que era hace 10 años»

“No he vuelto por voluntad propia. Tenemos una red de personas que quieren mucho a esta empresa, un nombre importante y cuando regresé pedí a los viejos colaboradores que unieran fuerzas para ayudar a Benetton a volver a ser lo que era hace 10 años”, relata Benetton.

“Tuvimos esa idea de pasar la gestión y el futuro de la empresa a gerentes (…), y la verdad es que no ha ido todo demasiado bien. Yo creo que faltaron las relaciones humanas. Siempre hemos tenido buenos contactos con el mercado, hacíamos productos que la gente quería y con una calidad única. Estos últimos años hemos estado demasiado pendientes de la competencia, de los precios bajos. Teníamos que volver a nuestro camino», agrega.

Asegura que ya ha detectado lo que hay que cambiar en Benetton: “Identificar los problemas es bastante fácil, lo que hay que saber son qué personas son las adecuadas para resolverlos. Hay que intervenir en todos los sectores porque en todos hay que hacer cambios”.

Asegura que el compromiso es importante. “En Europa nos comprometemos de forma personal y eso es muy diferente al mundo americano en el que cuando va mal una empresa se cierra y se abre otra. Nosotros no somos así, estamos vinculados con el propio territorio. Por ejemplo, aquí, en Treviso hemos intervenido mucho para mejorar la calidad de vida y del lugar donde vivimos, no existe egoísmo por nuestra parte”.

Pasión por el arte y la cultura

El arte y la cultura son otras de sus grandes pasiones, su última contribución en este sentido ha sido la rehabilitación de la antigua prisión de la ciudad, un edificio que llevaba abandonado más de 50 años en el cual,  expone una colección de arte singular bautizada como Imagen del mundo (Imago Mundi), son más de 1.500 obras de artistas de 150 países.

“La cultura para mí es importante porque creo que es el futuro y crea un mundo más libre”, explica Benetton. “Este proyecto es consecuencia de una simpática casualidad. Estaba visitando una galería de arte en Quito, Ecuador y pedí a uno de los artistas que me diera una tarjeta. Él me regaló una tela pintada de 10×12 centímetros. Me impresionó humanamente y comencé a reunir obras del mismo tamaño por todo el mundo”.  Para Benetton “es una forma de conocer a artistas donde no hay escuelas ni galerías de arte y darles posibilidades y también ampliar la discusión sobre sus problemas y los de sus países de origen”.

"No hacemos moda, hacemos productos honestos y útiles"
«No hacemos moda, hacemos productos honestos y útiles»

El Lobo afirma que “no es un momento en el que puedo perder tiempo. Nosotros nunca hicimos moda, hicimos productos honestos y útiles. He regresado porque se trata de una experiencia de vida, mi experiencia de vida. Y probablemente porque estoy trabajando con muchas personas que en la última época no eran felices”.

Con información de El País, España

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