Boda de la princesa Beatriz de York

El tradicional Reino Unido ya no es el vasto Imperio Británico de Su Majestad Imperial la Reina y Emperatriz Victoria I

Mucho ha pasado desde que la adusta soberana regía los destino de su tierra y de todos los rincones del mundo donde llegaba su poder y dominación.

Tiempos sobrios en pleno romanticismo, donde las reglas, costumbres y tradiciones, especialmente entre la nobleza y principalmente la familia real, eran estrictas y seguidas por un rígido protocolo que debía ser cumplido a la perfección y que fue tan importante, que ha sido seguido más allá de la mitad del siglo pasado, especialmente por su descendiente S.M. la reina Isabel II.

Eduardo Wallis

Pero la sangre nueva de la realeza británica desde hace ya algunas décadas ha querido revelarse ante lo establecido, vivir tal vez un vida un poco más normal, si esto pudiera ser posible, y sobre todo, hacer prevalecer al ser humano, ante el aristócrata.

Ya signos de rebeldía se dieron en los años treinta, cuando  Eduardo VIII, rey del Reino Unido, los dominios de la Mancomunidad Británica y emperador de la India, a menos de un año de su coronación, abdica por amor el 11 de diciembre de 1936, para desposar a una divorciada norteamericana.

Décadas más tarde dos nuevas integrantes de la familia hacen correr chorros de tinta, especialmente de los tabloides sensacionalistas.

La princesa Margarita de York y condesa de Glamis, que escandaliza a sus contemporáneos gracias a sus amores imposibles con el caballerizo de su padre y al convertirse en 1978 en la primera divorciada de la Casa Windsor.

Igual dio mucho se tuvo que decir de la princesa Ana “única hija de la Reina Isabel II”  al desposar al capitán Mark Anthony Phillips de quién se divorciara en 1992 y sin lugar a dudar del heredero a la corona Carlos príncipe de Gales y la infortunada Lady Di.

Eugenia y Beatriz de York

Pero el nuevo siglo traería muchos más cambios, nuevas formas de pensar, de ver la vida y deseos de libertad, haciendo que la corona británica viva una turbulenta corriente de cambios, abanderados por la nueva sangre real que se revela a lo establecido y lucha sin importar las consecuencias para lograr sus objetivos y lo que posiblemente ellos piensen les hará feliz.

Por ello no es de extrañar que, con los antecedentes familiares que de alguna manera arrastran, los nuevos vástagos de la corona sean hoy protagonistas de sus propias historias.

Sus máximos exponentes sin lugar a dudas, los hijos de Lady Di. El mayor, príncipe William duque de Cambridge, heredero al trono, casado con Kate Middleton, una plebeya  nacida en la ciudad de Reading, graduada en Historia del Arte con la que tiene dos hijos, Y el menor y más carismático, príncipe Harry.

Harry duque de Sussex, nieto predilecto de la actual soberana, es quién ha liderado, sin pretender hacerlo, el movimiento de refrescamiento de la monarquía, “si esto fuera posible”, al desarrollar actividades que para muchos no son acordes a su rango, pero sobre todo, al desposar en 2011 “previo escándalo mediante” a,  Meghan Markle, afroestadounidense, divorciada y actriz de profesión, con la que tiene un hijo.

Harry, rebelde por naturaleza, y físicamente el menos parecido a la familia paterna, sorprende en 2020, al renunciar al tratamiento de Alteza Real, al no ser ya miembro activo de la familia real, cambiando Londres por Los Ángeles (USA) donde ha fijado residencia como un ciudadano común.

Párate de esos nuevos Royal son definitivamente Beatriz y Eugenia de York hijas del príncipe Andrew y la recordada, y no menos escandalosa, Sarah Ferguson.

Harry y Meghan

La primera, recientemente casada en plena crisis de la pandemia, en una boda sencilla, sin el boato y pompa inglesa, con el empresario británico, de origen italiano, Edoardo Mapelli Mozzi, insistentemente se comenta que ha manifestado su interés por dejar Inglaterra para ir a vivir en Italia, especialmente después del escándalo sexual en el que se encuentra involucrado su padre, quién prudentemente se ha retirado de la vida pública. Y la segunda, Eugenia, que durante su matrimonio en 2012 con el empresario vinícola Jack Brooksbank, sorprendió a la aristocracia y al mundo, reivindicando su cicatriz producto de su complicada operación causada por la escoliosis, luciendo un generoso escote trasero que la hacía visible.

Pero en esta trama de los jóvenes reales todavía hay mucho que contar y con el paso de los años, a no ser que la monarquía británica desaparezca tras la muerte de Isabel II, cosa poco probable pero no imposible, se continuarán dando sorpresas inesperadas, como seguramente nos las darán: los pequeños príncipes George, Carlota y Luis de Cambridge, sin olvidar a su pequeño primo Archie Harrison Mountbatten-Windsor

Recopilación y traducción especial de Claudio Emilio Pompilio De Quevedo para gentío.com.ve

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