Alexander Enrique Espinoza Martínez, un fisioterapeuta que inició el éxodo

Doctor Alexander Enrique Espinoza Martínez, fisioterapeúta

La diáspora es un crimen de lesa humanidad

Mi mayor deseo es trabajar en mi país para aportar conocimientos a las nuevas generaciones

Por Ramón Darío Castillo / Especial para Gentío

Este caraqueño, Alexander Enrique Espinoza Martínez, que se asentó en Cagua, Estado Aragua y vivió la época floreciente de Venezuela, tuvo que añadirse a la gran estadística de los profesionales que decidió optar por irse  en busca de nuevos horizontes.

El que fuera artista de cine y Tv y un ídolo de las canciones de rock, después de graduarse de fisioterapeuta en la Universidad de Carabobo, tuvo que levar anclas en un largo peregrinar a Colombia.

Allí, en San Gil, un pequeño burgo del Norte de Santander encontró algo que puede llamar su segunda casa. Se desempeña como fisioterapeuta y ve pasar el tiempo, entre pacientes y fórmulas para paliar las afecciones que aquejan a quienes lo visitan en su consultorio diario.

A estas alturas más de5millones de venezolanos están en muchas partes del globo, contando sus penas y tristezas, y quizás sus alegrías que, aunque momentáneas sirven para abrigar la esperanza. Alexander asevera que hay que conservar la fe y esperanza.

Sus pacientes no solo encuentran alivio, también mucha comprensión. Es un ejemplo de tenacidad en medio de un éxodo que sacude a Venezuela y en medio de esta gran pandemia mundial

Ahora ya está con sus hijos y con su esposa y en segundos le pasan por su mente los gratos momentos de una vida repleta de sueños que poco a poco se están materializando, aunque lejos de su Patria. Pero, se confiesa feliz plenamente, porque con su trabajo diario alcanzó la paz del alma.

Para él, no hay forma, ni manera de dar vuelta de hoja a las esperanzas de lograr impartir sus enseñanzas a las nuevas generaciones. Es ahí donde se edifica su empeño, quiere compartir sus experiencias, porque es fiel al designio de que Venezuela es un gran país, con gente digna.

“Se es feliz cuando se alcanzan las metas y se logra la paz del alma”, comenta con nostalgia el Dr. Alexander.

“Siempre es necesario olvidar los momentos aciagos que da observar un proceso destructivo de la psiquis del individuo que pisotea en su dignidad”, asegura con convicción.

En San Gil, ya lo conocen todos. Ellos le dan ánimo para seguir investigando de la materia que lo involucra con la ciencia médica, y sabe que su norte es con los mejores horizontes, pensando en sus hijos y en su profesión las 24 horas del día, pero con el corazón y el ánimo puesto es su tierra natal, Venezuela, como le enseñaron sus padres y la vida, al fin y al cabo es el respeto que comparte con todos, amigos, familia y pacientes. RDC.

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