Pocas cosas han resistido el paso de los infortunios como los que sostienen con su bondad militante  a la Fundación Wairén .Lo que un buen día abrigó en su mente y en su corazón, Carlos Enrique Olivieri, ante el milagro que percibió en los ojos de los niños en orfandad que, con sus padres se alineaban para hurgar en los basureros de las calles, en busca de un mendrugo de pan que llevarse a la boca, laceró su corazón. Entre tanto, en  la que otrora llamaron la Sultana del Ávila, los problemas insoportables y casi insolubles, crecían a pasos agigantados. Tanto pensó que un buen día, su sueño se convirtiera en realidad  por lo magnánimo de aquellos que apoyaron su quijotada.

En pleno siglo XXI, dicen que la suerte no anda gritando, y que la misma cautiva al que la busca, lo cual en los tiempos que corren, no es muy habitual. Cada granito de arena fue constituyendo un apoyo, y los peldaños subían alto, aunque el trecho aún queda más arriba  de lo estipulado. Nuevos problemas, acrecientan las expectativas ¿Cómo superar esas ansias de prosperidad? No sólo es utopía, porque sigue faltando mucho por hacer. Cada día arrecia el hambre, como casi todos los venezolanos,  muchos niños se acuestan sin comer. Y por añadidura la desnutrición contribuye al deterioro de la fuerza física. Y en Wairén, sobra la voluntad, pero escasean los recursos. Para Olivieri y su grupo,  la lucha sigue adelante. Todos alcanzan a decir “Venezuela es ahora el lugar más pobre, el más desasistido, pero no. Cuando hablas de ese modo sobre un sitio, es justo en eso en lo que lo conviertes”. 

Los gladiadores de Olivieri, siguen labrando la esperanza entre el barro, y en medio de la adversidad, animados por el nacimiento de un nuevo aliciente de País, en aras de esperanzas para las nuevas  generaciones. Y existe una posibilidad: la gente, esa misma que puede agigantar los pasos de su voluntad. La miopía global de los políticos, de algunos indiferentes, enturbia todo lo que rodea a un País en crisis, pero eso no afecta a quienes, contribuyen a fortalecer el optimismo y tienden su mano generosa, para que los desvalidos asciendan a su cima. En Wairén, es el espíritu que está tejido de buena seda, y la previsión está en los muchos de sus contribuyentes, algunos anónimos pero con magnánimo corazón.

HACER LA BISAGRA

Sostener los cimientos fue la tarea difícil para  Carlos Olivieri. Ya entonces, el sudor secaba las lágrimas por tanto dolor alrededor. Ahora sólo quedaban las columnas. Una de ellas, Tania Ramírez, entusiasta – como el que más – pero no sólo ella. Llegó, después, cual hada madrina, Indira de Pinto Díaz, mesurada, ecuánime, lista a ver las necesidades con el tránsito de los sonidos.

Hay que reconocer que en los balbuceos de la criatura, Yulibel Escorcha, impulsó para que la idea de Carlos, germinara. Y le salió también cariño  y felicidad que alimentaban lo agradecidos que contaba los cientos que, a diario recibían un bocado de pan que llevarse a la boca. O la alegría de los niños que recibían sus útiles para estudiar o una cariñosa vianda para llenar la tripa para ir a la escuela, y no desmayarse  por hambre en plena clase. Eso compensaba el sacrificio.

En  ese inmenso pasillo, alargado y estrecho  de Wairén que Venezuela abre a sus congéneres de todo el mundo, los corazones palpitan con cada sufrimiento, con las historias y los sufrimientos que son el día a día de los venezolanos. En  estos momentos la geografía de Venezuela no es ignorada en todo el mundo. Hay que rebobinar por la bonanza que otrora le dio su papel en el gran concierto de las naciones, y añoraba. Pero eso es harina de otro costal, ahora In situ, las cosas son diferentes.

Detrás de eso. Está la nada. Todos buscan oportunidad. Otros emigran. La mayoría padece.

Los andes, centro y occidente y hasta la capital languidecen. Pero la gente de Wairén es optimista y apuesta porque todos tengan un hálito de mejores augurios. Es hora de que toda la comunidad internacional ayude a mitigar los problemas de niños, mujeres, hombres venezolanos en orfandad. A Wairén pueden ayudar en todas las formas, como voluntarios, con sus óbolos, apadrinando niños, enviando donativos, ropas, útiles escolares, comida, y sobre todo esperanza.

e-mail: fundacionwairen@gmail.com

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