La conquista de la mujer en los diversos campos: laboral, económico, político, profesional ha sido reseñado y es conocido ampliamente. Actualmente, la mujer libra una lucha consigo misma, la de cómo lograr ser mujer, esposa, amante, madre y profesional al mismo tiempo. Ellas bien por necesidad económica, independencia o desarrollarse profesionalmente, dedica gran parte de las horas del día a trabajar por dinero. Esta hace que sus demás roles queden, en cierta forma, relegados o ejercidos forzosamente. En la cultura latina, es usual que el hombre sea criado y visto como un “macho” y macho que se respete no hace trabajos domésticos. Aquí radica que la mujer tenga que ocuparse, después de su jornada de trabajo a recoger los hijos  al colegio, ayudarlos con las tareas,  ir a las actividades extra curriculares, hacer la cena, bañarlos, jugar con ellos y velar su sueño. El tiempo es muy reducido con su pareja, hacer el amor apasionadamente, ir al salón de belleza, asistir al  gimnasio para cuidar su apariencia, salud mental y corporal.

La batalla de la mujer, ahora, es lograr que su pareja se involucre y comparta los deberes familiares con ella. Y a ese macho le conviene que así sea. Si quiere que su mujer esté disponible con agrado para tener sexo, lo acompañe a pasar ratos de diversión sin bostezar, este de buen humor y se conserve hermosa, entonces ¡manos a la obra!. Si bien es cierto que en Latinoamérica es accesible tener ayuda de una empleada doméstica, en el caso, por ejemplo, de Venezuela contratarla se ha convertido en un peligro y una carga.

Un gran porcentaje de robos, secuestros y crímenes se han producidos por complicidad con el empleado doméstico. A esto se añade que es una boca más que alimentar y dotar de artículos de higiene personal.

La difícil adquisición de alimentos y enseres en este país, hace que las familias, de clase media y baja se vean en la necesidad de suplir sus necesidades básicas y en la mayoría de los casos, ni eso lo consiguen. La mujer de hoy, que es madre  y esposa, debe descargar en sus hijos y pareja las responsabilidades familiares. Compartir los roles hará que sea más conveniente para  los integrantes de la familia. Y en el peor de los casos, todos estarán cansados y el nivel de exigencia será más bajo. La comprensión ganará.

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