Dos campeones del mundo peleándose a la centésima por ser el más rápido, cuatro autos peleando e intercambiando posición en la última vuelta. No es que no hubiese ningún entretenimiento en el GP de Francia, pero ¿qué le está haciendo falta la F1 en 2019?

Lewis Hamilton versus Sebastian Vettel, el duelo que quedó sentenciado por una decisión de los comisarios en Canadá, revivió en la última vuelta del Gran Premio de Francia pero de otra forma, sin tener a uno cerca del otro, un duelo de velocidad pura, a una vuelta, Hamilton buscando el sexto Grand Chelem de su carrera, Vettel tras el punto de la vuelta rápida y un impulso moral para Maranello.

Acabando la vuelta 52 el líder del mundial ajusta su mapa de motor y va por la vuelta rápida aunque su ingeniero Peter Bonnington le da información que busca desestimularlo. ¿Vale la pena arriesgar motor, auto, por un punto, cuando estaban ya sobre la mesa 25? A Hamilton no le importa y quiere llevarse todo.

En su cámara a bordo se aprecia como lanza el auto con más velocidad en las curvas que en la vuelta anterior, como lleva más al límite las frenadas. Esto con neumáticos duros de 29 giros, ampollados en la parte interna de la banda de rodamiento, algo que no parece tener un efecto determinante en su rendimiento conforme marca sus mejores tiempos de sector.

Sin un sector 3 óptimo, pues patina excesivamente los neumáticos traseros saliendo de la última curva, logra 1:32.764, dos segundos más rápido que en la vuelta anterior, dando una medida de cuanto iba gestionando antes de eso.

Vettel al final le supera por un margen mínimo, 24 milésimas, muy poco para la diferencia en compuesto, vida y condición de neumáticos, por lo cual la bonificación de un punto tal vez no llega acompañada de un estímulo moral, tal vez todo lo contrario, en un fin de semana en el que las mejoras en la SF90 funcionaron a medias.

En medio de esa lucha entre un penta y un tetracampeón,  Charles Leclerc ponía bajo presión a Valtteri Bottas por la segunda posición. Tras un corto período de Safety Car virtual a cuatro giros del final, el monegasco de Ferrari logró encontrar más rápido el rendimiento que el finlandés, también gracias a una mejor gestión de neumáticos, pues no mostraban signos de ampollas adelante como los Mercedes.

Por menos de un segundo se define el segundo escalón del podio pero más atrás se daba una pelea a muerte entre cuatro pilotos por la séptima posición.

Daniel Ricciardo ataca a un Lando Norris que viene con su McLaren herido por un problema hidráulico, parece adelantarle en la frenada para la chicane, pero se va con las cuatro ruedas fuera de la pista, regresa, aunque dejando espacio. Norris tiene que tomar acción evasiva y acaba el de McLaren también saliendo de la pista sobre la escapatoria asfaltada de la curva 9.

Luego Ricciardo vuelve a la carga y son tres autos lado a lado entrando a la curva más rápida del circuito, Signes, a más de 300 kilómetros por hora. Ricciardo por dentro, Kimi Raikkonenen medio, Nico Hulkenberg por fuera.

La línea favorable del australiano de Renault, que la abrió de alguna manera pasando fuera de la pista en la aproximación a la curva, forzado por la maniobra defensiva del Alfa Romeo, acaba siendo la que le permite girar a derecha, pie a fondo, por delante de los otros dos autos, afianzándole en la séptima posición.

En la siguiente curva Norris, quien había quedado atrás, no se da por vencido y ataca a Hulkenberg por fuera, con los restos. Al final se queda sin pista pues el alemán abre los codos para defender la novena posición, antes de intentarlo con Raikkonen, quien sale mal de la curva 12 y tiene que taparle el hueco en la parte interna al Renault en la entrada de la curva 13.

Todo lo anterior en una sola vuelta de carrera, en cuestión de un par de minutos.

Hubo muy buenos duelos en la salida, claro, tensión entre Norris y el box de McLaren cuando decía acercarse a Sainz, una lucha fratricida entre los Williams por no ser el último en el orden, con un gran adelantamiento de George Russell a Robert Kubica por fuera en la curva más rápida del circuito, donde en un intento anterior se quedó sin pista.

Sí que hubo cosas para ver en el Gran Premio de Francia, pero casi todo ocurrió al mismo tiempo y después de 52 vueltas de no mucha acción. Pero todo ocurrió a espaldas del ganador del día, el mismo de los tres grandes premios anteriores, un Hamilton que se impuso de manera casi insultante a un Bottas que al terminar la carrera no se lo explicaba.

Mercedes está a un triunfo de igualar la racha histórica de 11 consecutivos que logró McLaren en una era dorada, en 1988, cuando ellos dominaban como lo hacen los de Brackley ahora, pero con una gran diferencia, con lucha entre dos de los mejores pilotos que ha visto la historia de la Fórmula 1, uno ya consagrado, otro que estaba por consagrarse.

Tiene razón Hamilton al decir que no es culpa suya que la F1 actual resulte para muchos aburrida. También al señalar las malas decisiones de quienes tienen el poder, que han acabado por fraccionar la parrilla en Fórmula 1, 1.2 y 1.5, esto influenciados por quienes están dominando y que, por la estructura de gobierno de la máxima categoría, tienen tal vez más poder del que deberían.

Es entendible que resulte difícil admirar la perfección de Hamilton y de su equipo, que simplemente hacen cada semana su trabajo mejor que el resto, pero su superioridad para la tribuna resulta antipática, como en alguna época lo fue la de Michael Schumacher y Ferrari.

Hace falta un rival fuerte, un verdadero antagonista, que el mismo Hamilton dice quisiera tener, pues la F1 2019 es ahora mismo un monólogo del británico que tiene el camino despejado hacia su sexta corona.

Dos campeones del mundo peleándose a la centésima por ser el más rápido, cuatro autos peleando e intercambiando posición en la última vuelta. No es que no hubiese ningún entretenimiento en el GP de Francia, pero ¿qué le está haciendo falta la F1 en 2019?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *