Hay ciertos hábitos de conducta en la cocina que pueden dar lugar a graves consecuencias, aunque no nos lo parezca de buenas a primeras.

Con frecuencia subestimamos los riesgos de algunos de los principales patógenos en las cocinas o, lo que es peor, cometemos errores que no sabemos que estamos cometiendo porque simplemente no conocemos las reglas.

Las consecuencias son la contaminación microbiana de los alimentos y, a veces, intoxicaciones que no sabemos muy bien de dónde vienen y de las que echamos la culpa al tendero, al granadero o al agricultor. Para evitar este ciclo paranoide en el que creemos que el mundo se ha confabulado contra nosotros, lo mejor es conocer de qué modo podemos meter la pata mientras cocinamos y tratar de corregir esas malas, y sucias, costumbres.

Lavar el pollo

Puede parecer una medida higiénica necesaria, pero no lo es. Al contrario, hacerlo puede transmitir Campylobacter en las manos, las superficies de trabajo o la ropa a través de las salpicaduras de las gotas de agua. El problema es tal, que en 2014 la Agencia de Alimentos del Reino Unido (FSA) hacía un llamado a los consumidores para que dejaran de lavar el pollo crudo antes de cocinarlo. En ese país, un estudio demostraba que cuatro de cada cinco intoxicaciones proceden de aves contaminadas. Y que lavarlas no acababa con el problema sino que lo aumentaba.

Dejar enfríar en exceso la comida antes de meterla a la nevera

No es necesario que se enfríe completamente porque los microorganismos podrían desarrollarse fácilmente si encuentran las condiciones adecuadas. En pocos minutos pueden multiplicarse de forma exponencial y llegar a crear grandes poblaciones. Sí es recomendable que se enfríen un poco para no comprometer el buen funcionamiento de la nevera ni el estado del resto de alimentos refrigerados. Entonces, ¿cuándo es recomendable refrigerar? En un plazo máximo de unas dos horas, no más.

Almacenar o mezclar alimentos cocidos y crudos

En ocasiones, y para optimizar el espacio en la nevera, solemos llenarla en exceso. Un error en todas las circunstancias pero sobre todo cuando se habla de alimentos cocinados y crudos. En los cocinados, cualquier tratamiento con calor actúa de higienizante y, por tanto, destruye posibles bacterias patógenas que pueda haber; pero pueden recontaminarse de nuevo si entran en contacto con los crudos. Es lo que se conoce como contaminación cruzada. Para evitarla, los alimentos deben almacenarse en función de su categoría, es decir, los cocinados todos juntos preferiblemente en la parte alta de la nevera. De esta manera, se evitará que se contaminen por posibles goteos de los alimentos crudos.

No lavarse las manos

Parece muy obvio que es fundamental lavarse las manos antes de empezar a cocinar, pero no siempre se piensa en su importancia. Si estas contienen gérmenes, se transferirán a los alimentos que se manipulan. Se calcula que las manos de una persona están a unos 37ºC, una temperatura a la que los patógenos se encuentran muy cómodos, tanto que algunos incluso aprovechan para multiplicarse a gran velocidad. Por tanto, prestar especial atención a las manos es fundamental sobre todo cuando se cambia de alimento, cuando se manipulan alimentos cocinados y crudos y después de tocar dinero, fumar o estornudar. Es suficiente lavarlas con agua tibia y jabón.

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