Los nuevos inquilinos de la Casa de Nariño  con Iván Duque Márquez, a la cabeza  tienen la fe puesta  en Colombia  y en su gente  y por si acaso en sus vecinos países, algunos de los cuales no están en el Paraíso precisamente

A sus 41 años, Iván Duque Márquez, hizo su sueño realidad: Llegar a  la Presidencia de su País, con la conciencia tranquila, y un inmenso deseo de trabajar por la paz y la concordia entre los  vecinos,  de su Patria, que no viven en la gloria precisamente. Casado con  María Juliana Ruíz, y padre  de tres hijos, Luciana Matías y Eloísa,  serán los inquilinos de la Casa de Nariño, al convertirse en el más joven de los mandatarios colombianos, y en el más votado en las dos recientes elecciones.

Ahora, Iván Duque da bien en cámara,  y es el abanderado de un gentío que apoyó al ex Presidente  Álvaro Uribe Vélez, su mentor. Pero ayer habló claro y sin tapujos “Quiero ser el Presidente de todos los Colombianos”, de los desposeídos  y de los que luchan por el robustecimiento de la economía, la paz y la concordia.

¿Qué hay detrás de su sonrisa?

La búsqueda de los mejores días para sus compatriotas, un dechado de buenas intenciones y mejores razones para estar unidos, desafiantes ante cualquier peligro. No  teme a sus enemigos y menos a los que amenaza con retornar a las andadas del genocidio. El espíritu es todo bondad. Ahora va a empezar la verdadera reconciliación con su pueblo y con la democracia.

Creé en una Colombia para el mundo, y en los colombianos de todas las creencias. Todo es una causa en la que se  involucran todos, los políticos, los industriales, los empresarios, la iglesia, el pueblo y hasta los que no creen que él, logre el milagro.

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