El máximo esplendor se vivió en la fiesta que por el cumpleaños de Silvia Pacillo Di Ruggiero, reunió a grupos muy cordiales de la “nouvelle vague”, personajes en el difícil arte de fabricar un estilo inmortal

Un código, de sus protagonistas  fue la quintaesencia de la elegancia que dominó un ambiente grato y cordial. Hubo estilo. Las sorpresas comienzan con una decoración  muy Ivy, con un paso por la moda en el pastel de cumpleaños y los dulces en diversidad de sabores con emblemas de diseños de zapatos de CH, que se podían saborear a cuerpo de rey, incluso sus cajas de chocolate, los aderezos que,  en una larga mesa de cristal  causó verdes envidias a las que cumplen  dietas rigurosas. En pleno abre boca,la música, imprimió la animación a un  brindis con burbujeante  champagne brut, y  fue entonces cuando los amigos de toda la vida que estaban  allí, para testimoniar afectos, dieron rienda a su imaginación para que la fiesta fluyera hasta las mil y quinientas. Desde Aruba, en un salto de alegría trepidante, llegó  Angel León Macas, -¡epa!- il vero amore de Silvia, quien prodigó atenciones a granel junto a su hijo Angel León Pacillo, y su esposa, María Antonieta Vásquez de León, en la “dulce espera”. Y en primera fila, los ex compañeros de las aulas universitarias de Silvia, convertidos en profesionales de grandes quilates, inmersos en la plenitud del éxito. Cuando la cosa se puso a punto de melcocha, muchos se animaron para echar un pie. De rojo intenso, encandilando con su sonrisa monalisesca, Silvia  no paró de prodigar atenciones a sus invitados, para que se sintieran como como en la excelencia de las pasiones : la quintaesencia.

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