En San Antonio de los Altos Mirandinos, durante los años sesenta, cada mañana, la neblina se mezclaba con el olor del café recién colado, mientras los pájaros se adueñaban momentáneamente de la cima de la cadena alimenticia, descuartizando lombrices durante la resaca del gato. Todo ocurría en el pequeño patio delantero Tiolinda Hernández, madre de Gertrudis, la flamante esposa de Salvador Cruz Díaz, pintor de brocha gorda y otros oficios misteriosos en el pueblo de San Antonio.

La casa de Tiolinda, se ubicaba en la empinada ladera de la montaña, aledaña a la margen derecha de la calle Marqués de Mijares, bajando por una larga, estrecha y dispareja escalera de cemento que había que descender de medio lado debido a la gran altura de algunos de los escalones. A ambos lados de la escalera, crecía el monte, que de vez en cuando, la mismísima Tiolinda, se encargaba de despejar con un, ya en aquel entonces, viejo machete Mac & Dale y que parado, le llegaba casi a la cintura de la pequeña pero fuerte mujer. La entrada de la casita quedaba justo en el primer recodo de la larga escalera que luego se perdía, bajando aún más por un farallón al que nunca tuve la oportunidad de conocer por temor a tener que regresar jadeante para coronar la cima, que era precisamente el humilde pueblo de San Antonio de los Altos.

En San Antonio de los Altos se sembraban muchas flores. Sobre todo de esas que ves adornando procesiones y lápidas en los cementerios. Del “pueblo” partían de mañanita, todas las semanas, viejos camiones repletos de flores, serpenteando por la carretera vieja hacia el embalse de la mariposa, testigo silencioso de la opulencia de una época cuyo fin celebramos el 23 de enero en nuestro país, día en que huyó el dictador con sus maletadas de dinero.

Hoy las entradas a las mansiones secretas de los esbirros del General Marcos Pérez Jiménez están ocultas por la tiña y el monte. Aún recuerdo haber jugado de niño por entre los escombros de aquella época.

El rasgo más conocido de Tiolinda, era su virtuosa mano para el cultivo de las flores. En San Antonio, había varias personas que se disputaban jactantes, la posesión del título de tener la “mejor mano” para el cultivo de Flores. En la exquisita urbanización el Toronjil, donde vivìan las más notables familias del pueblo encabezaban dicha lista, la señora Yolanda Hughes, Marino Recio, La Abuela Pardo, etc. pero era público y notorio que en el ambiente comunero y autóctono del pueblo de San Antonio de los Altos le mejor mano para el cultivo de flores la tenía, sin lugar a duda alguna, Tiolinda Hernández.

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