California continúa buscando más cuerpos calcinados. Por mal que vayan las cosas, aún pueden empeorar. Esta noche del lunes han aparecido trece cadáveres más, lo que deja la cifra total en 44.

El destructivo incendio denominado Camp Fire, en el norte del estado del oro, se acercaba al hospital Feather River, en la ciudad de Paradise, hoy arrasada por las llamas. Médicos y enfermeras tuvieron que evacuar sacando a los pacientes, fuera en silla de ruedas o en las camillas, como captaron las cámaras.

“Les sacamos los tubos”, explicó a la cadena ABC la enfermera Nichole Jolly como ilustración de la urgencia en los movimientos de huida. Veinte minutos. Ya en el aparcamiento del centro, Jolly llamó a su marido. “Le dije que no creía que pudiera salir de ahí, que el fuego llegaba muy rápido y tampoco sabía adonde ir”, subrayó. “Había chispas y llamas entorno a su cocher”, prosiguió.

Otro vehículo golpeó por detrás al suyo y la sacó de la ruta. Su coche se llenó de humo. “Supe que iba a morir si me quedaba ahí dentro, así que salté y eché a correr en dirección a la camioneta de unos amigos. Escapó y, al mirar atrás, vio cómo su vehículo estaba en medio de las llamas.

La enfermera Jolly es una de las que puede contar esta tragedia en primera persona. Ese frente se ha cobrado ya 42 víctimas mortales. Los trece últimos este lunes después de que la tarde del domingo fueran descubiertos otros seis, cinco en viviendas calcinadas de esa localidad llamada Paradises y que hoy suena a sarcasmo. Otro cadáver totalmente calcinado apareció en el interior de un vehículo.

Estos número de 42 fallecidos supone superar la cifra de la mayor tragedia causada por un incendio en la historia de California, registrada en 1993. Las previsiones no son muy optimistas. El viento, con una velocidad superior a los 60 kilómetros, continuaba ayer dando alas a esta gigantesca antorcha que abarca ya más de 1.100 kilómetros cuadrados, unas 45.000 hectáreas, y ha destruido unas 6.700 casas. La previsión meteorológica no invitaba a la esperanza.

Todavía quedan unas 200 personas desaparecidas, según Kory L. Honea, sheriff del condado de Butte. “Estamos muy preocupados por ese elevado número de personas de las que no sabemos nada”, remarcó Honea. El sheriff quiso ver una luz de esperanza al apuntar que muchas de estas de las que no se sabe nada pueden hallarse en refugios sin posibilidad de contactar con sus familiares. Miles de vecinos se han visto obligados a evacuar, situación que ha generado caos y descontrol.

“Nunca pensé que podría salir de esas llamas”, indicó emocionada Joanna Garcia ante las cámaras de la NBC. “Tendré pesadillas el resto de mi vida”, afirmó Susan Miller a la CNN. Es otra superviviente del infierno en que se convirtió su paraíso.

Pero el de Camp Fire no es el único infierno en que se ha convertido el estado del oro estos días. En el sur, cerca de los Los Angeles, y del exclusivo barrio de Malibu, hogar de tantos famosos y celebridades de Hollywood, también se encuentran en marcha otro par de frentes. Aquí se cuentan dos de los 44 fallecidos en total. Unos trece millones de ciudadanos estaban en peligro. Más de 8.000 bomberos combaten los incendios a lo largo del estado.

“Esta es una verdadera tragedia que todos los californianos entienden y están respondiendo, es el momento de unirnos todos y trabajar para neutralizar estas tragedias”, recalcó el gobernador Jerry Brown.

California reclama ayuda de emergencia de la administración federal mientra el presidente Donald Trump, en lugar de tratar de dar su apoyo de los afectados y a los equipos que luchan contra los fuegos, se ha dedicado a culpar las autoridades estatales por lo que ha calificado mala gestión de los bosques. Visto el desánimo y las críticas que provocaron sus tuits del fin de semana, el presidente trató de enmendarse ayer, al menos en parte. “Los bomberos, la agencia federal de emergencia y los equipos de respuesta urgente son impresionantes y muy valientes. Gracias y que Dios os bendiga a todos”, escribió en su red social.

En rueda de prensa, el gobernador matizó que tanto a nivel federal como estatal se debe mejorar en la gestión forestal, pero sostuvo que el cambio climático es la gran fuente de este problema. “Aquello que lo niegan están contribuyendo a estas tragedias de las que estamos siendo testigos y continuaremos viendo en los próximos años”, lamentó Brown.

Su estado lleva varios años padeciendo unos prolongados periodos de sequía, de récord. Esta circunstancia, junto a un incremento de las temperaturas, así como la construcción de viviendas cada vez más cerca de las zonas boscosas, han llevado a que los fuegos sean más destructivos y mortales. En tanto que California, oficialmente, sale de una sequía de cinco años, dos tercios de la zona norte del estado pasan por un periodo extraordinariamente seco.

No todas las noticias fueron negativas. Si bien el peligro se mantenía en el norte del estado, miles de residentes que huyeron de la parte sur, en el perímetro de Los Angeles, recibieron la autorización para regresar a sus hogares. El tráfico empezó ayer a fluir de una manera regularizada después de días de cierre de autopistas.

Sin embargo, la orden de evacuación seguía vigente en la totalidad de enclaves como Malibu o Calabasas. “No he podido más que echar a llorar”, declaró Roger Kelly, que desafió esa orden y llegó hasta Seminole Springs, donde tenía su casa. “Me he quedado destrozado”, confesó abatido a una tele local, tras comprobar la destrucción. Fuente: lavanguardia

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