Desde finales de los años 40, se mudaron a San Antonio de los Altos mirandinos, un grupo de connotados intelectuales, artistas y profesionales. Se establecieron en una urbanización que llamaron el Toronjil (por crecer esta hierba de forma silvestre en sus predios), cuya entrada se ubicaba a unos ciento cincuenta metros de la plaza Bolívar en el casco del pueblo de San Antonio y, a unos dos kilómetros de la antigua carretera Panamericana, vÍa que comunicaba y aun comunica al pueblo, con Caracas. Los detalles de cómo, cuándo y quiénes… yo realmente no los sé. Mi familia se estableció en San Antonio, veinte años después. A principio de la década de los sesenta, momento para el cual, las familias originarias del toronjil ya estaban bien establecidas, y algunas ya se habían ido de San Antonio, dejando sus casas a otros dueños. Se escuchaban nombres como el Dr. París, los Pacannís, los Biord, etc. Era gente que había llegado al Toronjil desde sus inicios, pero que ya no vivían allí. Según entiendo, se trataba en algunos casos, de los propietarios originales de las tierras que conformaban la urbanización. Las casas de esas familias eran verdaderas joyas arquitectónicas, las cuales, pasaron a ser propiedad de otras familias, mientras nuevos vecinos, compraron asimismo, terrenos y construyeron o alquilaron posteriormente, como los Olmos, los Benatuil, los Barrios, los Recio, los Hughes, los Otero, etc. Lo cierto es que siempre sentí curiosidad sobre los detalles de cómo se conformó la urbanización del Toronjil. Para cuando mi familia se estableció en San Antonio, la Señora Menca de Leoni, esposa del expresidente Raúl Leoni, ya había donado una casa para que en ella funcionara una escuela, de cuya dirección se encargó la fotógrafa Sara Guardia de Mendoza (Sarita), esposa del profesor de Literatura Benjamín Mendoza, quienes vivían entre las primeras casas del Toronjil, ubicadas al pie de la cuesta. Esa escuela se llamó inicialmente “Escuela Cooperativa” y podía leerse desde el pueblo, antes de que se construyeran los edificios que hoy vemos en San Antonio, El nombre de Cooperativa era alusión a que la misma, fue creada por iniciátiva de una cooperativa que fundaron las familias antes mencionadas, con Sara Guardia de Mendoza a la cabeza, para dar solución al problema de suministrar educación primaria “de calidad” a los hijos de éstas. Posteriormente, el nombre de la escuela se cambio a “Escuela Comunitaria”. Sería muy bueno que quienes conozcan los detalles acerca de los años constitutivos de la Urbanización el Toronjil, los revelaran, pues estoy seguro que sería muy ameno e interesante conocerlos. Sobre todo para documentar, en forma adecuada, el origen de nuestra queridísima institución educativa, que aún hoy es vanguardia de la educación Venezolana.
Sin embargo, el motivo de esta reminiscencia, es el de evocar el recuerdo del ambiente que rodeaba aquel paraíso educativo, ubicado a media cuesta de la urbanización “El Toronjil”. No soy yo la persona adecuada para hablar de los orígenes de la Comunitaria porque, como ya dije, mi familia llegó mucho después que los colonos fundadores de la Escuela. Si no me equivoco, yo pertenecí a la tercera promoción de estudiantes.
Al Toronjil, a parte del hecho de ser la dirección inicial de la escuela, se le puede recordar por muchas otras razones. En primer lugar, por su majestuosa vegetación: naranjos, toronja, nísperos, sauces, pinos, yagrumos y eucaliptos se yerguen a ambos lados del camino pavimentado con cemento, en un ambiente de muchísima humedad, a cuyos pies yacían hortensias, lirios, cayenas, cariaquito y margaritas.
Esta combinación de árboles y flores, aunada a la humedad sanantoñera, le daban al Toronjil un particular olor, que nunca olvidamos quienes tuvimos la dicha de jugar por esos predios.
A tan espesa y rica Vegetación, estaba asociada una riquisima diversidad de aves. En el famoso comedor de pájaros de Sarita, que era como cariñosamente llamabamos a la señora Sara Guardia de Mendoza, asistían diariamente, toda clase inimaginable de pájaros de vívidos colores.
También podemos recordar, los legendarios perros de las familias que vivían en el Toronjil y que de alguna forma se hacían notar, ante quienes, cada mañana, teníamos que ir al colegio. Mis favoritos de todos los tiempos, siempre serán Trigo, un pastor alemán color rojizo, de la familia Mendoza y Nevado, un enorme perro Mucuchisero perteneciente a la familia Recio un poco mas arriba de los Mendoza.
Otro rasgo que evocar por parte de sus transeúntes, de aquella urbanización, eran los jardineros que mantenían la belleza de aquellos hermosos jardines, de los cuales, el señor Antonio Bello destacaba entre los mas queridos.
Pero el aspecto que colma los recuerdos más importantes de mi infancia escolar, es el de ser el lugar donde vivían mis mejores amigos y dónde aún flota en el aire, la fragancia de mis primeros amores.

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