Hace un año abría en Washington el fastuoso Museo de la Biblia con una inversión de 500 millones de dólares. En sus vitrinas, algunos de los fragmentos más antiguos y venerados de las santas escrituras. Entre ellas, parte de los manuscritos del Mar Muerto como “joyas de la corona”. Resulta que eran falsas. Lo ha comunicado el propio museo al explicar que las pruebas independientes realizadas por investigadores en Alemania indican que cinco de los 16 fragmentos de los manuscritos de la institución “muestran características inconsistentes con el origen antiguo”. Según el experto del museo:

No sólo eso, todo parece indicar que no fueron los únicos artículos en disputa en la órbita del museo. Los manuscritos del Mar Muerto, una colección dispersa de pergamino antiguo que contiene el texto más antiguo conocido de la Biblia hebrea, son especímenes particularmente apreciados en el campo de la arqueología bíblica. Se suponen fragmentos que han sobrevivido que se remontan al siglo III a. C., aunque se perdieron en la historia hasta un descubrimiento casual en la década de 1940, cuando los pastores de Cisjordania los encontraron escondidos dentro de una cueva.

Desde entonces, los coleccionistas han buscado de forma intensiva su recorrido, unos 900 manuscritos y un estimado de 50.000 fragmentos, lo que, por supuesto, ha creado también un próspero mercado de falsificaciones y falsificaciones.

Y esto es exactamente lo que parece haber captado el Museo de la Biblia. Según el experto Kipp Davis, de la Universidad Trinity Western, “ya en el 2017 advertí sobre la dudosa autenticidad de los fragmentos del museo”. Ahora un análisis de alta tecnología realizado por científicos alemanes parece haber confirmado las sospechas. A través del uso de microscopía digital 3D, escaneo de fluorescencia de rayos X (XRF) y espectroscopia de rayos X de dispersión de energía (EDX), los investigadores analizaron la tinta y el sedimento en los fragmentos.

Hasta que se sepa algo más, el Museo de la Biblia ha eliminado las cinco falsificaciones de la exhibición pública, reemplazándolas con otros tres fragmentos de los manuscritos. Y sí, ahora mismo no existe ninguna garantía de que esos “reemplazos” sean más legítimos que los falsos.

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