El Autódromo Hermanos Rodríguez de México coronó por segundo año consecutivo a Lewis Hamilton como campeón del mundo de Fórmula 1 en una carrera que ganó Max Verstappen y que no acabaron ni Fernando Alonso ni Carlos Sainz. El británico, al que le bastaba con ser séptimo para campeonar, acabó cuarto, por detrás de Verstappen y los dos Ferrari.

El británico de Mercedes suma su quinto título mundial e iguala al genio de los comienzos del campeonato hace 60 años, el argentino Juan Manuel Fangio, que también ganó con un motor Mercedes, y ya solo está a dos de conseguir los mismos que Michael Schumacher, el mejor piloto de la época moderna del automovilismo.

Ni Fangio ni Schumacher vivieron una Fórmula 1 tan previsible como la que le ha tocado disfrutar a Hamilton, y que solo seduce entre los veteranos al finlandés Kimi Raikkonen. Todo hace indicar que el británico alcanzará al Kaiser en un plazo muy corto si quien gestiona el Mundial no hace algo para que haya más igualdad en la pista de marzo a noviembre. Es el elegido.

Mercedes ha ganado los últimos cuatro mundiales tras suceder a Red Bull, que ganó los cuatro anteriores con Sebastian Vettel. Ferrari cumplirá en 2018 once años sin ganar el título. Y visto lo visto este año, sigue estando lejos de conseguirlo.

En todo este previsible circo, Max Verstappen aporta el mismo aire fresco que trajo hace más de una década Lewis Hamilton. El holandés se llevó a sus 21 años el triunfo en México, el quinto de su corta carrera y el segundo consecutivo en el D.F. El de Red Bull lideró la carrera desde el arranque después del ataque inicial de Lewis Hamilton, que pilló desprevenido a Daniel Ricciardo, ganador de la clasificación, que abandonó a nueve vueltas del final por problemas en el motor.

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