«Mi nieta» hace magia, es muy  observadora, narra cuentos y es una gran lectora.

En estas vacaciones luego de disfrutar de varios libros me dijo: « Abuelo: leer  me  hace  feliz,  me  aporta  aprendizajes  y,  con  los  libros,  hasta  puedo  viajar  a  cualquier  lugar  del  mundo e  incluso  participo en las  aventuras  que  se esconden dentro de ellos, pero… ¡Quiero ver una película!. Junto al deseo de ver una producción cinematográfica coloca un requisito:  ¡Quiero ver una película… Pero, de tus tiempos de estudiante…!

La condición que estableció «Mi nieta» me obliga a desempolvar añejos recuerdos. La memoria se teje día a día con los hilos de las reminiscencias y evocaciones buenas y malas hasta conformar el largo traje de la vida. Por eso en ese momento, me vi envuelto en una madeja de hebras de colores que se deshilachan en la memoria y así fui desflecando  recuerdos de viejas películas ante la petición de «Mi nieta».  En ese recorrido apareció la película BUSTER, interpretada por Phil Collins y basada en un hecho histórico que sucedió la madrugada del Ocho de Agosto de Mil Novecientos Sesenta y Tres, donde un grupo de diecisiete delincuentes integrado por quince ladrones cuidadosamente seleccionados por sus habilidades especiales, además de dos informantes, llevaron a cabo el asalto al  tren de Glasgow que fue  considerado como «El Robo del Siglo».

Ha sido el mayor robo de la historia de los ferrocarriles británicos, en donde los delincuentes se apropiaron de casi tres millones de libras, unos cuarenta y seis  millones de euros. Los delincuentes no dejaron huellas, por eso las autoridades ofrecieron elevadas cifras de recompensa por la captura de cualquiera de los ladrones.

La producción cinematográfica fue observada con detenimiento por «Mi nieta». Al finalizar la proyección me dijo: «Abuelo: Realmente ese ha sido El Gran Robo del Siglo».

Ante ese comentario, me vi obligado a hacer la necesaria corrección: «Hija… El robo del siglo acaba de ocurrir en Venezuela».

En estos intrascendentes, banales y tristes días, estamos presenciando el fin de la «Meritocracia» en el mundo académico venezolano, ese sistema de definición jerárquico que simplemente consiste en ser elegido para ocupar un lugar, una plaza, un puesto, un cargo, por los conocimientos adquiridos, por las habilidades personales y por la experiencia acumulada. En Venezuela, dolorosamente eso dejó de suceder. ¡Ese es el gran Robo del Siglo!

Ahora lo único que vale es hacer genuflexiones ante los jefes anodinos y ser el turiferario que esparce el incienso de inmerecidos elogios a los amos del poder que toman las decisiones, para allanar el camino hacia el privilegio y la gloria, sin necesidad de esos engorrosos trámites de hacer investigación para presentar y justificar un «Trabajo de Ascenso» o realizar cursos de Especialización, Maestría o Doctorado junto a un extenso trabajo para adquirir a lo largo de la vida, los méritos suficientes, esos que sólo se consiguen con mucho esfuerzo y mucho tesón.

Todo eso lo borró el poder de Miraflores. El régimen impuso unas tablas salariales que violan todos los derechos adquiridos y lo dispuesto en las Convenciones Colectivas. ¡Ese es el gran Robo del Siglo!

Considerando los extremos del escalafón, para los obreros universitarios se expresa en una reducción de 4,75 en sus salarios. Para los Profesores Titulares con Doctorado, se reduce su ingreso a la décima parte. ¡Ese es el gran Robo del Siglo!

El robo a la «Meritocracia» es superior al asalto del  tren de Glasgow, por eso representa  EL ROBO DEL SIGLO

*Felipeguerrero11@gmail.com

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