Por estos días en mi aldea hace un «tiempo de fiestas» como decía mi Nona. El sol brilla jubiloso en el cielo azul y sentimos la caricia de una suave brisa. En una estación como ésta, hace muchas lunas, siendo muy niño, asistí por vez primera a un salón de clases. En un esfuerzo por rememorar aquellos tiempos, al conjuro de una invocación, acude a la cita con la memoria, la venerable Escuela Padre Maya, institución con amplios corredores, con luz y sombra para todos; con gruesos muros agrietados exhibiendo una presencia centenaria. Frente a aquella inolvidable casona se encuentra la Plaza Jáuregui con árboles nervudos de ramas vencidas y arrugadas por el tiempo. Esa escuela siempre estaba llena de voces, trenzada de trinos y bañada de lluvia amanecida.

Una mañana de un lejano mes de octubre que ya tiene canas y muchas arrugas,  llegué a ese templo del saber. Era muy niño, por eso ahora cuando se abren las puertas de las escuelas en mi aldea, viene a mi memoria el recuerdo de quienes fueron alfareros de mi arcilla: El maestro Julio Pérez me recibió en Segundo Grado pues ya había hecho pasantía de primeras letras en la escuelita de las Hermanas Orozco. Luego imprimirían en mi alma su sello formador las maestras Zunilde Zambrano Cárdenas, Regina Laya de Chacón, Rosario Rey de Garavito y Victoria Chacón de Díaz.

Esos maestros nunca trajeron urgencias a la escuela, porque para ellos era más importante enseñarnos el credo de la vida buena, el credo de las causas más humanas, la oración que incluye la causa de la justicia y de la libertad de todos, para que todos puedan compartir el llanto y la lucha con los otros que también son hermanos.

Al iniciarse este año escolar, elevo un salmo de gratitud al Dios de la vida por haberme dado estos maestros y agradezco todo cuanto me regalaron, porque en sus clases nos enseñaron a multiplicar servicio, a sumar cooperación, a restar egoísmo y a dividir virtudes entre todos.

En estas evocaciones escolares recuerdo aquel primer día de clases que asistí a la escuela sin tener un utensilio para escribir o dibujar. Cómo no reconstruir esa experiencia si «en el alma de los lápices los niños guardan sus sueños»

En medio de un «chaparrón de lágrimas» cualquiera de mis queridos maestros se me acercó, me entregó su lápiz y me dijo: «Te regalo un lápiz para que dibujes tu futuro». Hoy después de tantos años puedo asegurar que para un niño cargado de años sólo hay un olor que puede competir con el olor a amor: El olor a la madera del lápiz.

Mientras acompañaba a mi nieta a su primer día de clases, me encontré con una de las tantas maestras que hacen millonarios sacrificios para acompañar a la construcción de la patria nueva.

Como era de esperar, durante el diálogo las lágrimas se hicieron presentes… «No es lo mismo venir en carro propio o en autobús a la escuela que tener que caminar dos o más horas a pie desde las seis de la mañana, para llegar a dar clases aún en medio de un torrencial aguacero» me comentó la joven maestra a quien recordamos como una de las brillantes alumnas en la Escuela de Educación de la Universidad. Con sus palabras de inicio de un nuevo año escolar, vuelvo a revivir el testimonio sobre la tarea del educador, un oficio que es puro amor y dedicación plena.

En esta estación, acompañados por sus maestros, los muchachos venezolanos reinician un nuevo camino hacia «La Tierra Prometida». Son centenares los maestros de este suelo que caminan diariamente en este desierto buscando un oasis para recargar sus cantimploras con el agua de la esperanza.

Un día cualquiera mis maestros me dijeron: «Te regalo un lápiz para que dibujes tu futuro». Hoy al reiniciar este peregrinaje de confianza, a todos los maestros les regalo un lápiz para que sigan dibujando el porvenir.

Maestro: Te regalo un lápiz, para que tengas la oportunidad de borrar y corregir cualquier equivocación…

Maestro: Te regalo un lápiz para que a diario intentes escribir en el corazón
de tus alumnos la ciencia del amor y la bondad…

Maestro: Te regalo un lápiz para que escribas diariamente  todas esas virtudes que por naturaleza posees y descubras que a pesar de las incomprensiones eres un ser humano indispensable para construir una mejor sociedad.

Maestro: «TE REGALO UN LÁPIZ»

Felipe Guerrero/E-mail: felipeguerrero11@gmail.com

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