Sumido en el letargo, empotrado en el sofá de la sala de espera, recordaba. La imagen de su madre Josefina estaba muy borrosa en su mente. Solo tenía una vieja foto en su en su billetera, al lado de un preservativo que guardaba allí, desde que el señor Sonntag, se lo entregó el día que cumplió los quince años, después de un sermón acerca de las responsabilidades del género masculino. La foto fue tomada por la señora Liselotte, mientras Josefina lo cargaba en brazos cuando él tenía tres años, poco antes de lo abandonara al cuidado de los Sonntag. Extrañaba sus conversaciones con el señor Karl. Gracias a él, había comprendido la importancia de la perspectiva holística de las cosas. Para comprender el mundo –le decía el señor Karl- debías despojarte de la visión ombliguista y cortoplacista que tenían la mayoría de los seres humanos. Siempre hablaban largas horas en el rio mientras esperaban que alguna trucha picara el anzuelo. Las disertaciones de su mentor acerca del calentamiento global y del nuevo orden mundial eran vertiginosas y, para alguien frágil de mente, podían convertirlo al nihilismo más angustiante. Pero la idea del señor Karl, no era la de frustrar a Gabriel, todo lo contrario, lo que perseguía, era adiestrarlo en las artes de proceder perseverantemente en el lograr una perspectiva de entendimiento de la cual podía deducirse la solución a un problema aparentemente muy intrincado. Por ejemplo, eran un lugar común y trillado que el calentamiento global estaba convirtiendo el mundo en un lugar muy peligroso. Por otra parte, aun a sabiendas de todos de que los problemas se originaron de afianzar el desarrollo del hombre sobre el uso de los combustibles fósiles, a la gran mayoría parecía no importarle. Cada quien, desentendiéndose, metido en su pequeño y cotidiano mundo, que aparentaba no variar, sin embargo, bajo la sospecha íntima, de estar atados a un péndulo universal que nos balanceaba hacia una gran catástrofe malthusiana.
El planeta había comenzado a mostrar signos alarmantes de que la tasa de crecimiento de la población mundial estaba próxima a tornarse negativa. Es decir pronto sería mayor el número de nuevas defunciones con respecto de los nuevos nacimientos, lo que significaba dejar de crecer número de bocas que alimentar en el mundo. Sin embargo, problema no era la producción de alimentos para todos, pues la tecnología y la genética podrían solventar el problema de las cantidades producidas, sino más bien, el de los efectos de sobre el equilibrio planetario de cada vez mayores cantidades de alimentos producidos, al tiempo de que los países más desarrollados se reservaban la producción y acceso a aquellos alimentos más protéicos, pero a la vez, más perniciosos par la humanidad en su conjunto.
Desde el punto de vista de los centros de poder mundial, gobernados por personas tan opulentamente ricas que nadie las conocía, la solución al problema de recuperar el equilibrio sistémico del planeta era, el dejar que la humanidad entrara en un proceso de implosión autoinducida por sus malos hábitos. La humanidad se había convertido en un cáncer para el planeta y según los sofisticados estudios de los más secretos centros investigación financiados por las personas más ominosas y ricas del planeta, la recuperación del control económico tenía que sobrevenir de una reducción drástica de la población de la humanidad.
Desde esta perspectiva, para Gabriel, el problema político de Petrólea, residía fundamentalmente que sus dirigentes apuntalaban su régimen político sobre la perpetuidad de supuesto de un mundo consumidor de hidrocarburos. En este contexto, el régimen hacia sus cálculos cortoplacistas y demagógicos de su éxito basado en la destrucción de la humanidad. Ya el mar Caribe se había convertido en un lugar muy peligroso para la vida insular y costense. La intensidad de la actividad de los tornados y tormentas marítimas, consecuencia del derretimiento de los glaciares polares estaban hundiendo literalmente a la Isla de Cuba, obligando a esta población a pensar en buscar nuevos derroteros para garantizar la preservación de su gentilicio. Para ellos, Petrólea era el destino más factible para una diáspora masiva desde Cuba. De modo que a lo largo de su alianza estratégica con Petrólea, fueron penetrando subrepticiamente las cúpulas decisionales de su potencial huésped, a cambio coadyuvar en la prolongación de su subsistencia como régimen político.
La existencia de, cada vez mayores cantidades, de agua líquida en los océanos y mares, ya había hecho desaparecer grandes extensiones de tierra continental bajo los nuevos niveles marítimos. De esta forma, en el año 2026, cuando Gabriel esperaba sentado en aquel sofá Bauhaus, sus conocimientos, tal como se lo había advertido el señor Karl Sonntag, eran de gran importancia, para el control, para bien o para mal, del clima planetario.
De pronto, la recepcionista lo estaba llamando señalándole una puerta de vidrio esmerilado a la vez que le decía:
-Herr Cantarrana, bitte gehen Sie hinein!

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