Los pingüinos Adelia (Pygoscelis adeliae), una especie típica de la Antártida, no soportan la lluvia ni la nieve. Son mortales para ellos, como los científicos pudieron observar entre 2013 y 2014, cuando el cien por ciento de unas 34.000 crías fallecieron durante la sucesión de intensas lluvias y nevadas. También son las condiciones que acabaron con las vidas de cientos de animales que, momificados por las condiciones frías y secas de la Antártida, salieron a la luz en 2016.

Lo más interesante para ellos es que estén momificados, ya que no se encuentran a menudo en este estado de conservación.

Uno de los objetivos del nuevo análisis fue tratar de pronosticar el futuro de estos animales; conocer cómo se enfrentaron a los retos climáticos del pasado es una buena manera de aproximarse a cómo afrontarán los del futuro. Desafortunadamente para ellos, los científicos prevén que, conforme la temperatura global aumente con el cambio climático, la Antártida verá un incremento en los episodios de lluvia y nieve.

Los ejemplares adultos lo tendrán más difícil para encontrar materiales que añadir a los nidos, así como un lugar bien seco donde poner los huevos. Los polluelos serán los más castigados por el tiempo, ya que el agua líquida puede ahogarlos en sus propios nidos, y las plumas que los aislan de la humedad son su protección fundamental contra la hipotermia, una defensa que no tienen de pequeños.

TWC España

Los científicos han calculado el momento de la muerte mediante la datación por radiocarbono y han llegado a la conclusión de que los episodios meteorológicos que causaron la tragedia de los pingüinos sucedieron en dos periodos, hace 750 y 200 años

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