Entre los pecados capitales la mostra agranda el sesgo masculino con la poca presencia de directoras

No es una competencia de naciones,  sino de cine. Y no deja de ser una aventura para reformular el 7º Arte, ya que todos los filmes nominados, tienen sus propios pecados.

Por encima de todas las cosas, Venecia es hoy la Vitrina que acapara la atención de los ojos del mundo, después de tanto sacudón de guerras y de tragedias que, han convertido a los entendidos en la dulce inspiración de un año horrible, y prometen dar un descanso a los pecados veniales.

Aunque las estrellas ya invaden la bella Venecia, van más que  para disfrutar  de su “ dolce fareniente”, para subir los  egos  y para asumir el reto de ser valorados, admirados y hasta ignorados.

Muchos  logran vencer las talanqueras, y van más allá de las cosas que tienen precio de papel satinado.

Las películas nominadas este año, miran con devoción el horizonte de los Oscar y he allí que, los grandes estudios juegan sus cartas, y ésta vez parecen que van a apostar fuerte.

Entre tanto nombre que ilumina las marquesinas, surge un latino, el venezolano Edgar Ramírez que al menos no pierde la fe.

Aún se abren polémicas como la poca presencia femenina en el rol de directoras y eso indica un ejercicio de incorreción política. Las mujeres se levantan de pie contra el sesgo masculino en la mostra y la oposición sigue en los corillos.

Eso sí, ya se bajaran nombres y títulos.

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