“En Octubre del 2016 después de una mañana en el colegio y estudio individual. Cayendo ya la tarde de ese día, durante el ensayo orquestal de la José Francisco del Castillo, Orquesta nombrada en honor al gran maestro de violín director de la Academia Latinoamericana de Violín en Venezuela, me mente se inundó de nuevos y maravillosos presagios.

Aquel día, estábamos interpretando la quinta sinfonía de Beethoven. Nuestro director siempre nos decía “escúchense” ¿a qué se refería con esto? aparte del motivo obvio, nos pedía que ejecutáramos la música de manera tal que nuestra afinación, pulso e interpretación funcionara en sinergia con el resto de nuestros compañeros, es decir ejecutar la música como un gran conjunto no como muchos individuos, tocar con una calidad que se encuentra en la música de cámara.

La música de cámara es toda la que se realice en grupos pequeños con instrumentos de reducida, es decir música para pequeños conjuntos.

Esto se podía traducir en ensambles, cameratas, quintetos, cuartetos, tríos, dúos, etc.

Yo fantaseaba con formar parte de alguno de estos grupos y vivir la experiencia de viajar, conocer, aprender y descubrir juntos como equipo todo lo que nos pueda ofrecer los conciertos, recitales, giras y demás. Y posterior con el tiempo, transformarnos en una familia.

Enseguida al terminar el ensayo ya era algo de noche en el nivel Lecuna de Parque Central-Caracas, sin embargo hable enseguida con mi amiga Paula Barreto-Violista y de una manera insistente y ansiosa le conté vamos hacer música solo quería mejorar y aprender, viviendo oxigenado por la música.

Ella no estaba muy convencida del    proyecto sin embargo, luego de la tercera vez en que le insistí, acepto. Y sin duda muy feliz me hizo.

Ella me recomendó otra violinista y aceptó, busqué a una violista, y aceptó, posterior a eso requerimos la participación de una cellista ya que había seleccionado para tocar un concierto en re menor de Antonio Vivaldi solista para dos violines y un cello que en mi anterior grupo de cámara ya había tocado, en la orquesta Infantil del Núcleo Caricuao junto mi profesora Elena Bravo.

El primer ensayo fue caótico y nada más estábamos dos de los integrantes, yo nunca faltaba porque era el que se encargaba de recordarnos a cada uno lo que debíamos ensayar.

Luego empecé a estresarme tanto ya que, debía imprimir partituras, conseguir cubículo donde estudiar ya que muchos estábamos ocupados o muy pequeños para el grupo.

Sencillamente cada vez que ensayábamos era tan difícil reunirnos, encontrarnos y hacer música que pensé tener un ensamble es una Odisea y enseguida al tener ese pensamiento, me dije a mi mismo, todo lo que es difícil tiene más mérito de alcanzar, me es más atractivo, tentador y sublime. Odisea… Este será nuestro nombre. Les encantó a todos y así continuó transformándose en una odisea de amor, dificultades, pasiones, decepciones, victorias, derrotas y lo más importante aprendizaje.

Para mí todo precio, estrés, angustia no importaba cuando hacía música con otros seres, no sentía dolor sino felicidad, hacer algo más grande que mi propia existencia y poder compartir con personas significativas en mi vida, amigos. Así comenzó como una fantasía de un sueño que de un momento a otro era realidad pero no algo idílico o perfecto, verdaderamente una realidad con sus cambios y matrices, con su misterio y emoción, algo imperfecto pero real.

Una odisea en mi vida, otro motivo por el que luchar y vivir. Nuestra primera presentación fue en el acto de apertura del colegio San Antonio de la Florida en el que Paula estudiaba. Sencillamente error tras lección caracterizaba los ensayos y conciertos, sinceramente soy una persona muy intensa con todo lo que le importa, otros lo pueden catalogar como apasionado, poético o crudo el fin es el mismo. Me estreso a unos niveles gigantes, deseo que la perfección sea la norma, lo académico impere y el olimpo nuestro hogar. Obviamente esa no fue la realidad, tantos inconvenientes, creo que también fue parte de mi culpa al darle tanto poder a la palabra Odisea impregnándole una contextura titánica y así lo fue y lo es, lo veo como algo que me reta y me exige a moldearme, adaptarme y superarme.”

ANDERSON RIVERO

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