Esta madrugada desde Ginebra (Suiza) la noticia del fallecimiento del cocinero Joël Robuchon corrió como un reguero de pólvora, por todos los confines de la Tierra. A causa de un cáncer, que llevó con mucha dignidad, este maravilloso hombre de las ricas viandas logró mantener el equilibrio del gran peso de su veitena de estrellas Michelin que acomuló a lo largo de su brillante carrera culinaria.

Desde su templo del buen comer, en l’atelier supo distinguir a quienes eran sus comensales, desde el más encopetado, hasta el más humilde.
Una de sus más recientes novedades, aun estando muy aquejado de salud. fue abrir un bello salón de té, en el que volcó toda su buen gusto, y por el que desfilaron los eternos personajes de «le tout» París.

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